APOCALIPSIS… ¡YA!
Por José Fernando Ruiz Piedrahíta*
Conocí
a Stephen King cuando tenía unos doce años. Quiero decir que conocí de su
existencia gracias a que una tarde caminaba por el centro de Pereira y mientras
pasaba por el extinto Club Rialto, ubicado en la carrera séptima entre calles
diecisiete y dieciocho, vi tirados en el suelo algunos libros viejos que tal
vez habían conocido a muchos lectores. Allí estaba Carrie de Stephen
King y algunos otros como El Martillo de Dios de Arthur Halley. Me convertí en una especie de Stephenkiniano
obsesivo. Por supuesto que he leído su obra de arriba a abajo y hasta más. Por
ejemplo, IT, una novela de largo aliento con más de 1.200 páginas, es
una de las que he repasado hasta cinco veces, además de tener todas las
versiones en película.
Pero una vez, encontré en la
casa de un amigo poco aficionado a la lectura pero al que le encantaba comprar
libros por metros para tapar una enorme pared, un libro escrito por un señor
llamado Dean Koontz. Me llamó la atención el comentario de la tapa posterior
del libro donde se decía que era el “competidor” de Stephen King. El libro que
encontré se titula “Fantasmas” y le pedí prestado el ejemplar que
prometí devolver una vez leído, cosa que cumplí. Siempre regreso los libros que
pido prestados, pero con los que presto yo no me ha ido tan bien, sobretodo
porque se me olvida quien lo tiene. Pues bien, pasado un tiempo después de
haber leído a Koontz, tropecé con una novela de Stephen King llamada Apocalipsis,
más conocida como La Danza de la Muerte que entre otras cosas en inglés
se titula The Stand, que traducido significa el aparador. La
novela de King habla de una epidemia aterradora llamada El Capitán
Trotamundos, una súper gripa que acaba con la humanidad y en la que se
salva una pequeña fracción de seres humanos que deben resolver si irse con el
bien o con el mal. El bien, está representado en una anciana que toca la
guitarra, en los vastos campos de
Nebraska y a quien todos conocen como Madre Abigail; el mal, está representado
en Randall Flagg quien está determinado en acabar con el mundo para quedarse él
solito como emperador de la oscuridad… uno lee la novela y termina contento al
final.
Y pasó el tiempo…y una tarde
conversado con un amigo aficionado a la literatura fantástica me dijo que había
salido un libro de un tal Dean Koontz a quien yo conocía por su libro Fantasmas.
El amigo me dijo que la nueva novela se llamaba Los Ojos en la Oscuridad
y que al igual que King, hablaba de un virus creado en laboratorio. Pues
resulta que Koontz habla en su libro de un arma biológica llamada Wuhan-400 que
aparece en el año 2020 y dice que fue creado en un laboratorio de Wuhan en China,
algo que para ser franco, da miedo…es demasiado impresionante. La novela de
Koontz fue escrita en 1981 y la de King en 1978. Y hablando de cosas raras,
Mary W. Shelley escribió en 1826 El último hombre, novela que fue
retirada del mercado inglés, primero, por ser escrita por una mujer y segundo,
porque los hombres ingleses consideraban que una novela sobre una gripa que
acaba con los seres humanos era una verdadera estupidez. La novela pudo ver la
luz en los años sesenta cuando un grupo editorial la presentó al mundo
nuevamente. No deja de ser sorprendente que la autora de Frankenstein también
hubiese visionado las muertes masivas causadas por virus. La lista de novelas
apocalípticas es larga y sorprendente.
Philip K. Dick escribió una
novela maravillosa que leí hace muchos años y cuyo título no era atractivo: “Sueñan
los androides con ovejas eléctricas”, que se convirtió en el argumento de
la película Blade Runner de Ridley Scott y que aborda el tema de los
humanos en un planeta desolado a causa de las guerras nucleares, el consumismo
y el afán de hacer edificios arrasando con los bosques y matando la fauna como lo
están haciendo hoy muchos constructores. Los humanos deben entonces inventar robots para que los atiendan. No
estamos lejos de eso, de los robots y del fin. Max Brooks escribió una novela
extensa sobre zombis que fue llevada al cine como “Guerra Mundial Z” en
la que un virus creado en laboratorio convierte a los infectados en violentos muertos
vivientes. Y la increíble capacidad de Julio Verne para ver el futuro no deja
de sorprender. No solo adivinó la creación de submarinos, globos aerostáticos y
viajes al mundo en ochenta días, sino que escribió una novela corta titulada París
en el siglo XX en la que describe una ciudad llena de tecnología donde el
dinero y el daño ecológico ocasionado por el hombre, convierten a París en un
monstruo de cemento y acero donde los habitantes escriben cartas en una pizarra
que reproduce exactamente lo escrito en otra pizarra que tiene el destinatario
del mensaje. En 1910 Verne escribió una novela corta titulada “El eterno
Adán” en la que describe la
destrucción de la civilización a causa de extraños cambios en el clima que
sumergen las ciudades en el mar, dejando a unos pocos sobrevivientes en un
enorme barco que llega a un pequeño continente, pero sucumben ante la fuerza de
la naturaleza y las nuevas y extrañas enfermedades.
Apocalipsis ya, no es solo el título
para este escrito, es que estamos viviendo ese futuro, hoy. Si seguimos
acabando con los bosques, la fauna, el agua y los recursos naturales en
general, lo que nos espera no estará lejos de lo que dicen esos profetas
modernos de la literatura. Somos nosotros los humanos, la plaga que está
enfermando al mundo. Cuando la tierra sea infértil y ya no haya nada para sembrar
en este pedrusco azul que gira sin descanso alrededor de un sol, sabremos que
el famoso apocalipsis fue creado poco a poco y por cada uno de nosotros.
Por lo pronto y mientras llega
el fin, les invito a leer a estos profetas, a quienes encuentran en la biblioteca pública Ramón
Correa Mejía de Pereira y por supuesto, los invito a cuidar lo poco que nos
queda en esta casa llamada planeta tierra.
Feliz lectura y hasta pronto.
JOSE FERNANDO RUIZ PIEDRAHÍTA
Promotor de lectura. Biblioteca Pública Ramón Correa
Mejía
jofer62@hotmail.com

Totalmente de acuerdo, el apocalipsis se está originando por nosotros mismos
ResponderEliminarasi es. un abrazo y gracias por el comentario
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