CATARSIS
Para sacar el demonio que tengo dentro
José Fernando Ruiz Piedrahíta
Los
demonios que llevamos dentro hay que sacarlos como sea. Algunos golpean una
pared, un saco de arena, lloran a pulmón herido o ahogan sus penas en un bar
como la canción de Billy Pontoni. Yo necesito sacar un pequeño demonio que
llevo dentro hace muchos años y lo voy a compartir con ustedes.
Era
el año 1992. Hagan cuentas, hace 28 años. Era feliz escribiendo cuentos, crónicas
y pequeñas novelas de ficción, fantasía y supuestas leyendas sobre entes
surgidos de la noche y de los profundos misterios de aquellas conversaciones
oídas de labios de mi abuela. Escribía
sobre mundos inexistentes y maravillosos donde no existía la enfermedad, el
hambre o la infelicidad. Era feliz pensando que algún día podría publicar tales
escritos para goce de la humanidad tan agobiada y doliente. Creía que podía escribir
acerca de vidas esplendorosas y divertidas mientras con mucha agilidad golpeaba
las pesadas teclas de la máquina de escribir que producía un delicioso ruido con
cada golpe sobre el papel; era música para mí. Un día llegó a mis manos una
convocatoria para concursar presentando una novela de ficción. Envié un escrito
que abordaba la temática de un mundo post apocalíptico en el que la raza humana
había perdido su lucha contra una enfermedad y que de manera extraña había
realizado cambios en el mundo animal, pues nuestros compañeros de vida
irracionales habían recibido el don de la inteligencia gracias al virus
mutante. (Bendito aquel o aquella que dijo: La fantasía no necesita
explicación)
Mi novela de ciencia ficción pura y dura, llegó a
manos de los jurados después de pasar por todas las exigencias de la
convocatoria y yo estaba feliz de haber compartido un escrito tan especial.
Pasaron las semanas y un día me llamaron por el teléfono fijo para que me
pasara por la biblioteca pública a recoger el veredicto del jurado. El corazón
me palpitaba enloquecido dentro del pecho. Llegué a la recepción del templo del
saber y recibí una carta en la que constaba que mi gran novela había sido
revisada, registrada y…rechazada. Tenía notas de cada uno de los jurados. Leí
temblando los dos primeros conceptos que me aterrizaron a la realidad, pues
aducían muy sabiamente que la novelita tenía muchos errores de redacción,
gramática y ortografía, pero que aun así era interesante. Uno de ellos alcanzó
a poner la palabra ingeniosa a modo de pequeño aporte al novel escritor.
El tercer jurado si me mató.
Sí. Me mató abruptamente.
Puso que mi escrito ni siquiera era un asomo a novela,
que era una especie de bazofia de palabras sin sentido sobre un tema ridículo e
inverosímil, pues según él, en Colombia no se podía escribir sobre fantasías y
mucho menos sobre hecatombes apocalípticas donde la raza humana salía perdiendo
su entereza. Decía el malhadado jurado, que en Colombia era mejor escribir sobre
la violencia bipartidista, sobre los crueles asesinatos generados en la guerra
de los mil días, sobre cómo los poderosos se estaban robando el país, sobre los
narcotraficantes, las familias olvidadas, la pobreza de una nación que no
resiste vampiros, alienígenas y exterminios absolutos. Quedé de una pieza. Las
piernas me temblaban y el corazón me dio un vuelco en el pecho y he de confesar,
que me senté solito en medio del parque Olaya Herrera a llorar en silencio. La
ira que esas palabras sembraron en mi alma, aún la siento. Según el tercer
jurado, habíamos perdido el tiempo en Colombia leyendo a Edgar Alan Poe, a
Julio Verne, a Borges, a Tolkien, García Márquez, Tomás Carrasquilla, Ray
Bradbury, Howard Phillps Lovecraft, Machen, Le Fanú, Maupassant, Bécquer. Según
lo que le entendí al jurado, la lista de gente tonta escribiendo estupideces
imposibles es demasiado grande. Cosas locas como un hombre al que se le ocurrió
inventar un submarino, o aquel que escribió sobre una comarca donde vivían unos
personajes pequeños que lucharon contra dragones, qué cosa más boba. Y qué me
dicen de un tal Tolstoi que inventó una historia imposible de creer sobre la
guerra donde hay demasiados personajes. Qué tonto haber perdido tanto tiempo
escribiéndolas y que bobos nosotros los que las leímos.
Sí, mi novelita era demasiado mala. Estaba mal
escrita, con demasiados adverbios y demasiados adjetivos. Muy al estilo de los
malos escritores, aquellos que ponen cosas como: “La hermosa mujer de
cabellos color trigo en los que el sol destellaba feliz al atardecer, estaba
envuelta en un grueso abrigo de piel donde el viento gélido y grisáceo de
invierno intentaba penetrar y erizarle los poros. Su cabellera dorada como el
trigo ondeaba en medio del largo y tortuoso camino” Con razón los jurados
me mandaron a freír espárragos y eso lo he aceptado toda la vida. Lo que
siempre me dio una rabia santa fue el hecho de que este jurado, lamentoso cóndor
insepulto, asegurara de manera tan despectiva que en Colombia solo se puede
escribir de costumbrismo, violencia y dolor. Por pensamientos como este hemos
olvidado a grandes escritores colombianos de la fantasía y la ciencia ficción
como German Espinosa que se atrevió a poner en letras de molde un libro con
cuentos de relatos futuristas. Otro gran colombiano que se salió del listado de
los que escriben solo de la violencia colombiana fue José Félix Fuenmayor quien
fuera miembro del grupo de Barranquilla al que perteneciera Gabriel García
Márquez y quienes se dedicaron a escribir fantasías por fuera de las realidad
colombiana. Y un gran escritor de ciencia ficción sobre alienígenas fue M.F
Sliger que pareciera ser uno de esos escritores españoles de la época del
bolsilibro o novela popular, pero no, es colombiano y escribió un curioso libro
en 1936 bajo el título Viajes interplanetarios que tendrán lugar el año
2009.
Y ni hablar de escritores colombianos dedicados al terror,
por ejemplo. Aquí la violencia y sus
horrores se ha vuelto la manera de comprender el género terror, y los pocos
casos de escritura en este estilo literario se han sepultado entre tanta
noticia aterradora que nos muestran los diarios del país. Sin embargo, que los
hay lo hay: 13 relatos infernales de tres autores colombianos,
ellos son Álvaro Vanegas, Esteban Cruz Niño y Gabriela Arciniegas. Muérdeme
suavemente de Fernando Gómez, sobre un apocalipsis zombi.
Carolina Sanín escribió una novela de terror en
Colombia titulada Los Niños sobre realidades metafísicas que
tocan fácilmente el thriller. Y otra escritora colombiana que se sumergió en el
tema vampírico con extremado éxito es la caleña Carolina Andújar con su novela Vampyr,
ambientada en el siglo XIX y que se desarrolla en Europa al estilo del cuento
gótico Draculesco.
Sí, mi novelita era muy mala, pero era distinta.
No quise seguir escribiendo. Olvidé en un rincón apartado la hermosa máquina de
escribir que acumuló polvo durante muchos años. Se me pasó la gana de escribir
sobre vampiros, zombis, alienígenas, diablos, dioses, ángeles, monstruos…y me
dediqué a escribir sobre la realidad colombiana, pero me cansé rápido porque no
me hacía feliz. Así que un día, mandé al carajo al jurado aquel y me dediqué a
escribir crónicas divertidas sobre la vida, el amor, la juventud, los vampiros,
zombis y alienígenas, quienes según un Gurú que conocí este año, se van a
mostrar al mundo. Por ahí vimos al gobierno norteamericano mostrando videos
oficiales sobre avistamientos de objetos voladores no identificados que hoy
pueden ser fácilmente drones… o quién sabe, de pronto el pobre Moulder no
estaba tan loco (El policía de Archivos Secretos X de la serie de Chris Carter).
Ya no me duele el alma, porque sé que muchos están
escribiendo sobre temas que ya hemos superado. Colombia y el mundo entero se
enfrentan ahora a un asunto que sí parece sacado de los libros de ficción y los
que alguna vez escribirnos sobre fantasías imposibles, sonreímos un poco,
aunque con cierta culpa, cuando nos acordamos de aquellos escritos locos sobre alienígenas,
virus, zombis, enfermedades apocalípticas y demás. Esperemos que el virus que
hoy tiene en cuarentena al mundo entero, se vaya pronto. Mientras tanto, una forma de invertir bien el tiempo, es
leyendo. Le invito a leer porque las horas pasan más rápido y deliciosamente. Y
como por ahora no puede ir a la biblioteca pública Ramón Correa Mejía de
Pereira, ingrese al internet y busque libros gratis. Hay muchos. Por ejemplo,
mi libro Crónicas de Pantalón Corto que está gratis por estos días en Amazon.
Feliz lectura para todos.

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