TRADUCTOR

martes, 19 de enero de 2021

 

GRACIAS POR EL DIAL.

El irrespeto por la integridad, honra y valores  de  las personas. El matoneo constante a sectores donde las diferencias sociales, económicas y raciales son evidentes. El mal uso del idioma, el desconocimiento de la cultura que rodea a una comunidad, el humor grotesco y poco inteligente, la constante emisión de obras musicales que denigran de la mujer y de canciones con tendencias suicidas (Despecho dicen los locutores), las noticias sangrientas, la chabacanería, la vulgaridad y el general el mal gusto en todos los sentidos, parece ser la combinación de éxito de la radio moderna. Por fortuna existe el dial en los aparatos de receptores y uno puede cambiar la estación e irse en busca de mejores “ondas”. Oye uno en las estaciones de “jóvenes” tal cantidad de barrabasadas juntas que uno se queda pensando en cómo es posible que la sociedad no reacciones ante la avalancha de atrocidades dichas frente al micrófono. Ahhhh Claro… ya sabemos el motivo:

LOS LOCUTORES NO NECESITAN TENER LICENCIA

Las personas que ejerzan el oficio de la locución en Colombia, a través de los diversos medios de telecomunicaciones, no necesitan para el efecto contar con licencia expedida por el Ministerio de Comunicaciones, así lo informó ayer el viceministro de esa cartera, José Gregorio Hernández. Dicha disposición regirá hasta cuando el Congreso de la República expida una ley en la que se conciba la locución como uno de aquellos oficios que requiere formación académica y sean determinados los correspondientes requisitos, los organismos competentes para su control y las normas especiales aplicables al régimen de esa actividad.

17 de julio de 1991

A ésta joya legal, se debe en gran parte el desastre de la radio moderna. Yo recuerdo que me enseñaron en la universidad que los medios de comunicación debían informar, educar y entretener. El 80% de las radios comerciales colombianas se dedicaron a entretener. Un 15% a informar y un 5% a educar.  Muy pocas cumplen perfectamente con las tres premisas de la comunicación radial. Ya poco se oyen esas voces fluidas, correctas y agradables que nos acompañaban en un ejercicio de radio verdadero. Hoy a muchos esas radios nos estorban… Gracias a Dios por el dial, porque podemos escoger. Ojalá los padres de familia pudieran tener control sobre lo que los hijos más jóvenes escuchan y evitar a un grupo de “comunicadores” de una estación radial de carácter nacional que ofrecían “ayuda” a oyentes con problemas sexuales. Una partida de imbéciles que ni siquiera sabían pronunciar los nombres de algunas ETS. Pero a la gente le gusta esa radio. Porque infortunadamente la vulgaridad y la chabacanería se imponen. Programas de humor en las horas de la tarde donde para hacer reír necesitan hacer continuas referencias sexuales, porque la cabeza no les da para más. Hasta 1991 la radio colombiana estaba en “Voces” de verdaderos profesionales, porque para hablar por radio se necesitaba una licencia que garantizaba la idoneidad de quien se ponía frente al micrófono. El decreto 2387 de 1983 reglamentaba el ejercicio de la locución a través de las estaciones de radiodifusión y televisión. Había que presentar exámenes de cultura general muy duros, debía demostrarse ante un grupo de examinadores del ministerio de comunicaciones, que se tenía habilidad y recursos verbales para asumir transmisiones en deportes, política, ciencia, tecnología y especialmente en la cultura en todas sus manifestaciones. Y si uno pasaba el examen escrito, debía viajar a Bogotá y presentarse a otro examen frente al micrófono para escuchar la voz de quien pretendía obtener la licencia, su correcta pronunciación de fonemas extranjeros, como nombres propios, de entidades privadas y públicas en idiomas tan difíciles como el alemán, ruso, polaco, francés e inglés. Y si pasaba uno ese examen, le pedían que improvisara sobre un  tema opuesto por los examinadores durante dos minutos sin interrupciones y sin decir estupideces. Entonces se reunía una comisión delegada por el ministerio para evaluar los exámenes de los candidatos. A los dos o tres meses le llegaba a uno un “telegrama” diciéndoles que podía acercarse por el edificio Murillo Toro a reclamar su licencia y firmar los compromisos para su uso en los medios de comunicación radiados, fueran estos comerciales o del gobierno. La licencia tenía entonces una vigencia de diez años, que cuando se cumplieran debía renovarse con exámenes de actualización en todos los aspectos de la vida en comunidad. Solo que a un funcionario con nombre de santo se le ocurrió que la locución profesional la podía hacer cualquiera. 

He trabajado en la radio durante gran parte de mi vida. Lo hice con licencia del ministerio de comunicaciones de Colombia y sin ella. Cuando presente los exámenes me preparé más que un “Kumis”, leí, escribí e investigué y me quedó el gusto por los tres. Nunca me he burlado de nadie, nunca me he reído de la situación de una persona o entidad. Aprendí a leer en voz alta, cosa que no hacen muchos, y que mientras más leo, mejor capacidad verbal obtengo, es decir tengo muchas palabras para “decir” frente a un micrófono. La licencia no hace al locutor, lo que hacía era respaldar su trabajo como profesional del micrófono, como verdadero comunicador. En la película colombiana “Visa U.S.A” el protagonista viaja desde Cali a Bogotá en busca de su licencia de locutor, pero el destino le tenía otra cosa. En ese entonces quienes queríamos y tener la licencia debíamos viajar hasta Bogotá. Hoy no es necesario, “Cualquiera” puede hablar por la radio… y peor… puede HACER TELEVISIÓN.

En México, Panamá, Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay y Estados Unidos está vigente la licencia para locutores y en algunos países se exige licencia al operador de radio. Par finalizar le dejo el párrafo final de la propuesta del representante a la cámara de Colombia José Fernando castro Caycedo quien dice:

El desbordado ejercicio de la locución en Colombia y las graves consecuencias que puede ocasionar a la comunidad, no puede ser evitado de manera efectiva conforme a la legislación vigente, urge elaborar y aprobar una debida reglamentación, que además cualifique la profesión de locutor,  conforme a la Constitución Política vigente. Una sana política en materia de reglamentación del acceso al micrófono es conveniente, teniendo en cuenta  las situaciones fácticas de ayer y de hoy.

 

El ejercicio de la locución tiene incidencia directa en el desarrollo de la democracia y  la formación de opinión pública. Vale la pena tener en cuenta es que al establecer algunos criterios que permitan regular el ejercicio de la locución, no se  vulnera el derecho fundamental a  la libertad de expresión, si se tiene en cuenta que no todos los espacios son de índole periodística, ni son los programas periodísticos los únicos medios para la transmisión permanente del pensamiento.

Es por eso que me permito presentar ante la Honorable Cámara de Representantes, el Proyecto de Ley que “reglamenta al ejercicio de la locución en Colombia”.

 

             





         

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