GRACIAS
POR EL DIAL.
El
irrespeto por la integridad, honra y valores
de las personas. El matoneo
constante a sectores donde las diferencias sociales, económicas y raciales son
evidentes. El mal uso del idioma, el desconocimiento de la cultura que rodea a
una comunidad, el humor grotesco y poco inteligente, la constante emisión de
obras musicales que denigran de la mujer y de canciones con tendencias suicidas
(Despecho dicen los locutores), las noticias sangrientas, la chabacanería, la
vulgaridad y el general el mal gusto en todos los sentidos, parece ser la
combinación de éxito de la radio moderna. Por fortuna existe el dial en los
aparatos de receptores y uno puede cambiar la estación e irse en busca de
mejores “ondas”. Oye uno en las estaciones de “jóvenes” tal cantidad de
barrabasadas juntas que uno se queda pensando en cómo es posible que la
sociedad no reacciones ante la avalancha de atrocidades dichas frente al
micrófono. Ahhhh Claro… ya sabemos el motivo:
LOS LOCUTORES NO NECESITAN TENER LICENCIA
Las personas que ejerzan el
oficio de la locución en Colombia, a través de los diversos medios de
telecomunicaciones, no necesitan para el efecto contar con licencia expedida
por el Ministerio de Comunicaciones, así lo informó ayer el viceministro de esa
cartera, José Gregorio Hernández. Dicha disposición regirá hasta cuando el
Congreso de la República expida una ley en la que se conciba la locución como
uno de aquellos oficios que requiere formación académica y sean determinados
los correspondientes requisitos, los organismos competentes para su control y
las normas especiales aplicables al régimen de esa actividad.
17 de julio de 1991
A ésta joya legal, se debe en
gran parte el desastre de la radio moderna. Yo recuerdo que me enseñaron en la universidad
que los medios de comunicación debían informar, educar y entretener. El 80% de
las radios comerciales colombianas se dedicaron a entretener. Un 15% a informar
y un 5% a educar. Muy pocas cumplen
perfectamente con las tres premisas de la comunicación radial. Ya poco se oyen
esas voces fluidas, correctas y agradables que nos acompañaban en un ejercicio
de radio verdadero. Hoy a muchos esas radios nos estorban… Gracias a Dios por
el dial, porque podemos escoger. Ojalá los padres de familia pudieran tener
control sobre lo que los hijos más jóvenes escuchan y evitar a un grupo de “comunicadores”
de una estación radial de carácter nacional que ofrecían “ayuda” a oyentes con
problemas sexuales. Una partida de imbéciles que ni siquiera sabían pronunciar los
nombres de algunas ETS. Pero a la gente le gusta esa radio. Porque
infortunadamente la vulgaridad y la chabacanería se imponen. Programas de humor
en las horas de la tarde donde para hacer reír necesitan hacer continuas
referencias sexuales, porque la cabeza no les da para más. Hasta 1991 la radio
colombiana estaba en “Voces” de verdaderos profesionales, porque para hablar
por radio se necesitaba una licencia que garantizaba la idoneidad de quien se
ponía frente al micrófono. El decreto 2387 de 1983 reglamentaba el ejercicio de
la locución a través de las estaciones de radiodifusión y televisión. Había que
presentar exámenes de cultura general muy duros, debía demostrarse ante un
grupo de examinadores del ministerio de comunicaciones, que se tenía habilidad
y recursos verbales para asumir transmisiones en deportes, política, ciencia,
tecnología y especialmente en la cultura en todas sus manifestaciones. Y si uno
pasaba el examen escrito, debía viajar a Bogotá y presentarse a otro examen
frente al micrófono para escuchar la voz de quien pretendía obtener la
licencia, su correcta pronunciación de fonemas extranjeros, como nombres
propios, de entidades privadas y públicas en idiomas tan difíciles como el
alemán, ruso, polaco, francés e inglés. Y si pasaba uno ese examen, le pedían
que improvisara sobre un tema opuesto
por los examinadores durante dos minutos sin interrupciones y sin decir
estupideces. Entonces se reunía una comisión delegada por el ministerio para
evaluar los exámenes de los candidatos. A los dos o tres meses le llegaba a uno
un “telegrama” diciéndoles que podía acercarse por el edificio Murillo Toro a
reclamar su licencia y firmar los compromisos para su uso en los medios de
comunicación radiados, fueran estos comerciales o del gobierno. La licencia
tenía entonces una vigencia de diez años, que cuando se cumplieran debía
renovarse con exámenes de actualización en todos los aspectos de la vida en
comunidad. Solo que a un funcionario con nombre de santo se le ocurrió que la
locución profesional la podía hacer cualquiera.
He trabajado en la radio durante
gran parte de mi vida. Lo hice con licencia del ministerio de comunicaciones de
Colombia y sin ella. Cuando presente los exámenes me preparé más que un
“Kumis”, leí, escribí e investigué y me quedó el gusto por los tres. Nunca me
he burlado de nadie, nunca me he reído de la situación de una persona o
entidad. Aprendí a leer en voz alta, cosa que no hacen muchos, y que mientras
más leo, mejor capacidad verbal obtengo, es decir tengo muchas palabras para
“decir” frente a un micrófono. La licencia no hace al locutor, lo que hacía era
respaldar su trabajo como profesional del micrófono, como verdadero
comunicador. En la película colombiana “Visa U.S.A” el protagonista viaja desde
Cali a Bogotá en busca de su licencia de locutor, pero el destino le tenía otra
cosa. En ese entonces quienes queríamos y tener la licencia debíamos viajar
hasta Bogotá. Hoy no es necesario, “Cualquiera” puede hablar por la radio… y
peor… puede HACER TELEVISIÓN.
En México, Panamá,
Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay y Estados Unidos está vigente la licencia
para locutores y en algunos países se exige licencia al operador de radio. Par
finalizar le dejo el párrafo final de la propuesta del representante a la
cámara de Colombia José Fernando castro Caycedo quien dice:
El
desbordado ejercicio de la locución en Colombia y las graves consecuencias que
puede ocasionar a la comunidad, no puede ser evitado de manera efectiva
conforme a la legislación vigente, urge elaborar y aprobar una debida
reglamentación, que además cualifique la profesión de locutor, conforme a la Constitución Política vigente.
Una sana política en materia de reglamentación del acceso al micrófono es
conveniente, teniendo en cuenta las
situaciones fácticas de ayer y de hoy.
El ejercicio de la locución tiene
incidencia directa en el desarrollo de la democracia y la formación de opinión pública. Vale la pena
tener en cuenta es que al establecer algunos criterios que permitan regular el
ejercicio de la locución, no se vulnera
el derecho fundamental a la libertad de
expresión, si se tiene en cuenta que no todos los espacios son de índole
periodística, ni son los programas periodísticos los únicos medios para la
transmisión permanente del pensamiento.
Es
por eso que me permito presentar ante la Honorable Cámara de Representantes, el
Proyecto de Ley que “reglamenta al
ejercicio de la locución en Colombia”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario