TRADUCTOR

martes, 19 de enero de 2021

 

FILMAKER

            Para todo hay una primera vez. La primera vez que hablé frente a un micrófono me sorprendió la potencia con que sonaba mi voz. La primera vez que me escuché a mí mismo en una grabación me sorprendió saber que esa voz que no se parecía a la mía fuera la mía.  La primera vez que vi una cámara de video me sorprendió la tecnología japonesa que podía grabar en un casete las imágenes que uno quisiera. Nunca pensé que ese encuentro casual con la cámara de video fuera lo que definiría mi vocación por el cine y la realización de televisión. Siempre pensé que iba a ser médico. Cada vez que alguien preguntaba que iba a ser cuando fuera grande, decía sin dudar que sería doctor. Por supuesto que el sabio dicho de los viejos que dice “Una cosa piensa el burro y otra quien lo está arriando” era muy cierto. O aquella otra más espiritual que dice: “Si quieres ver reír a Dios, cuéntale tus planes”. Seguramente Dios se reía mucho cuando respondía sobre mi futuro. La primera vez que me llevaron a un cine vi una película religiosa.  Se llamaba “luz Divina” y trataba sobre el milagro de Fátima en Portugal. Recuerdo las imágenes en blanco y negro de la gente corriendo por un campo porque el sol se les venía encima. Alcanzo a recordar a los tres niños siendo interrogados por el alcalde del pueblecito porque creían que mentían sobre la señora vestida de blanco. Recuerdo el día en que llegó a mi casa el primer televisor para ver la llegada del hombre a la luna. 

        Pensé que una vez viéramos al hombre llegar a la luna el televisor ya no iba a servir más, pero después de ese día el aparato de televisión siempre ha estado presente en mi vida. Los televisores cambiaron mucho. El primero que llegó a mi hogar era uno en blanco y negro de 19 pulgadas de marca “Sharp” que se quemó una tarde cuando hubo un bajón de energía. Vino después un hermoso “Motorola” que también se quemó recién los habían instalado. Descubrimos que era necesario poner un estabilizador de corriente. Mi padre trajo otro “Motorola” igual que nos acompañó por muchos años. Por allí desfilaron las grandes producciones del cine que presentaban los domingos por la noche. Vimos durante muchos años el “Yo y tú” de doña Alicia del Carpio. Reímos con “Don Chinche”, fuimos muy felices con “Dejémonos de vainas” y esperábamos ansiosos el domingo para ver “Animalandia” con Pacheco y los payasos Pernito, Tuerquita y Bebé. No sabíamos que eran chilenos y que bebé padecía una enfermedad grave. Por ese televisor desfilaron monstruos de la serie “B” que nos ponían en las noches sabatinas y que aterrados veíamos con un ojo tapado. Éramos tan inocentes en la simpleza de nuestras vidas que veíamos todo aquello con enormes ojos asombrados. Seguramente que no imaginábamos como sería el futuro. Creíamos que efectivamente el futuro iba a ser tal cual veíamos “Viaje a las estrellas”. 

    Pues casi pero no. Hace unas semanas atrás estaba con mi hija y sus compañeras de universidad en un centro comercial y ellas se tomaban fotos con sus teléfonos y compartían las imágenes. Las fotos llegaron a mi celular de manera instantánea y con altísima calidad. Mientras veía las fotos en la sorprendente pantalla, mi aparato vibró para anunciarme que un mensaje estaba llegando. Abrí y encontré que un amigo mío me había enviado un libro a mi correo. Fui a mi correo y efectivamente allí estaba uno de los libros de Stephen King que le había comprado en línea para mi aparato de lectura virtual, que podía contener más de mil libros sin llevar consigo una sola hoja de papel. Entonces me detuve. Paré, puse pausa y relenté mis acciones. Me di cuenta que estaba viviendo el futuro que habíamos soñado alguna vez hace muchos años.

  — Venga Ruiz…¿Cuantos años va a tener usted cuando llegue el año 2.000?

  — Uyyy… pues… a ver — hice cuentas digitales con los dedos — Ja…como treinta…

   —Vamos a ser re viejos… — dijo mi compañero de quinto de primaria

  — Si… ¿Cómo irá a ser ese futuro? —pregunte con ensoñación

   —Pues… la gente podrá volar… no existirán los libros

   —Mi abuelita dice que podemos botar los platos a la basura — dije recordando sus palabras

        ¿Quién sabe si exista el cine?

   —Tiene que existir… sería terrible que no existiera. A mí me encanta el cine. ¿qué haría yo sin el cine?

   —Y usted ¿Qué va a hacer cuando sea grande y trabaje? — preguntó el amiguito

  —Pues… médico — dije con tanta seguridad, que aún me quedo asombrado de que no lo haya sido.

  — Mi papá dijo que en el año dos mil, la gente va a tener teléfonos de bolsillo para llamar a todo el mundo…

Y si.

        Tenemos teléfonos de bolsillo para que llamar a todo el mundo, o para que el mundo nos llame, nos comparta chistes, textos, bobadas y de cuando en cuando algo interesante. Lo que no sabíamos en esos años era que esta maravillosa tecnología nos iba a volver idiotas. Es tan ridícula la imagen que ya se ha vuelto común de ver personas en una mesa en un almuerzo cada una viendo su teléfono celular sin mediar palabras entre ellos. 

    Estamos cerca, pero a la vez estamos lejos, estamos y no estamos. Hoy día se nos volvió común el juego “hablar y no contestar” uno le habla a otra persona y ésta no contesta porque está concentrada en conversaciones con otros en su aparato de comunicación personal.

2 comentarios:

  1. Hola José Fernando, qué interesantes son tus escritos en este blog... Me gustaría mucho que escribieras algo sobre tu padre, lo recuerdo con gran aprecio, lastimosamente lo conocí ya en sus últimos años de vida y aunque le hacía los mandados a él y a doña Margarita, no pude conocer mucho sobre su trayectoria. Fuí su acólito durante los últimos 3 años de vida y al padre Ruiz como yo le decía, lo recuerdo con gran aprecio, es una de las sombras que acompañan el recuerdo de mi niñez. Qué bueno dialogar sobre el tema y conocer.... Un abrazo.

    ResponderEliminar