DE LA
POESÍA AL CÓMIC UN PUENTE SUTIL PARA LA CRÓNICA
Por
José Fernando Ruiz Piedrahita
Ay qué dolor. Como me duele no ser
poeta y ser tan insensible a la poesía. Los poemas me hablan de la cotidianidad
con bellos versos, pero me confundo entre el lirismo inspirado de los hombres y
mujeres que saben escribir poemas. Yo alguna vez en mi inocencia pensé que ser
poeta era la capacidad de algunos de saber rimar las palabras como corazón con
chicharrón, pero luego me di cuenta que ni eso era capaz de escribir. Qué
difícil ser poeta cuando nunca la poesía ha tocado el alma. Moriré sin poder
hilar un mínimo verso que, aunque quisiera no lo podría encontrar. Sin embargo,
he aquí que tuve grandes maestros de la narrativa. Aprendí a contar historias
de la mano de Stan Lee y los personajes de su universo Marvel. Me enamoré de
las historias de Jerry Siegel y Joe Shuster con el héroe vulnerable a la
Kriptonita. Dick Finger y Bob Kane aún me ilusionan con el caballero nocturno.
Y Cuando descubrí por los años juveniles la existencia de escritores como
Stephen King a quien sigo y admiro, Howard Phillips Lovecraft el gran maestro,
de William Peter Blatty, Clive Barker, Dean Koontz o el español Luis García
Lecha (Clark Carrados autor de novelas de bolsillo) de quien he leído unas
doscientas novelas; tuve que dejar de lado la poesía.
Pero
es que la poesía está ahí no más. En un atardecer de estos que vemos en mi
tierra, en las montañas cafeteras furiosamente verdes de mi país, en la arena
blanca y fina de las costas esquineras de Colombia… solo falta el poeta y ese
no soy yo.
Mi madre era una mujer sencilla sin
mayores estudios, pues había llegado al tercer grado de primaria en una
escuelita perdida entre las montañas de mi Colombia, me dijo una tarde mientras
hojeaba una historieta de Batman que si encontraba alguna enseñanza en esas
publicaciones de muñequitos y yo le dije que me encantaban esas historias y que
algún día quisiera poder escribir cuentos de fantasía. Entonces me dijo, que,
si tanto me gustaba contar historias, me dedicara a contar verdades. Y empecé a
escribir historias de la realidad y sin saberlo me volví cronista.
Lamento no ser poeta, a ellos los
admiro, pero me siento bien escribiendo crónicas pues de algún modo puedo
novelar la realidad que es otra forma de poesía.
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