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domingo, 14 de abril de 2024

 

EL DESAS RTE

Una sociedad sin valores

Por José Fernando Ruiz Piedrahíta

 

            Creo que alguna vez en mi vida yo viví el arte verdadero. Tengo la impresión de que pude ver obras pictóricas hermosas de una gran calidad. Tengo la sensación de que en algún momento escuché música bonita, con letras preciosas con enormes sentidos filosóficos, románticos o sociales. Creo y podría asegurarlo que alguna vez vi esculturas hermosas en bronce, hierro o concreto. Pienso que alguna vez el arte si fue arte y fue hermoso. Hoy me quedo mirando la ciudad y los espacios dedicados al arte y cada vez entiendo menos al arte, debe ser que no soy artista. Yo no sé si unas llantas usadas puestas en medio de un salón de exposiciones junto a vidrios rotos pueda ser arte. Una vez vi una colección de botellas de plástico de varios colores y tamaños sobre una mesa de constructor y nunca supe si eso era una obra de arte o que a la persona del aseo se le quedaron por fuera sus implementos. Una vez hace ya algunos años en casa de la gran artista Viviana Ángel Chujfi su hermana le preguntó:

            —Ole, eso es un cenicero o una escultura… para saber si echo ahí la ceniza del cigarrillo.

            En la casa de Viviana hay obras de arte en todas partes y hasta las cosas de uso común pudieran ser obras de arte. Igual pasa con la música las verdaderas obras de arte permanecen para siempre en lo musical, los grandes clásicos seguirán oyéndose gracias que son composiciones verdaderamente elaboradas con conocimiento musical para una inmensa minoría sensible a la buena música. Por tanto, esperpentos como el reguetón son como las botellas plásticas expuestas en una sala. Por supuesto que a muchas personas las botellas plásticas puestas de cualquier manera les pueden parecer una genialidad artística, de igual manera que a la inmensa mayoría le encanta el reguetón. Pero quienes saben apreciar la belleza del arte saben que ni las botellas plásticas ni el reguetón son arte de verdad. Escribir garabatos en los muros por supuesto está muy lejos de ser arte, pero muy cerca de vandalismo, sin embargo, se podría considerar arte aquellos dibujos que adornan muros públicos que no siempre son de buen gusto.

            El mundo ha cambiado nos sabemos si para bien o para mal. Eso es según la persona que lo aprecia y como cada uno de nosotros somos universos individuales, pues es muy difícil juzgar si para unos es bueno o para otros es malo. Los conceptos de vida han cambado también y aunque pareciera que el desarrollo humano es lo primordial, hemos olvidado los valores que nos harían mejores, por lo tanto, no hay mejoría en ello. Cambiamos lo moral por lo conveniente a cada ser humano, olvidando que ese bienestar puede afectar el mundo que nos rodea. Acabar con la fauna, la flora y la naturaleza no está bien, así sea para mejorar la calidad de vida de la raza humana. Los valores están conformados por las cualidades y virtudes que hacen parte de la conducta de cada persona y el comportamiento positivo que puedan asumir frente a las situaciones de la vida se le conoce como valores. Sin embargo, como el arte los valores han cambiado debido a múltiples factores como que las familias hoy se han vuelto disfuncionales, es común que los padres quienes son los primeros educadores se divorcien, las peleas entre esposos frente los hijos, la indisciplina y la incapacidad de los padres de hacer cumplir reglas sencillas de convivencia en casa. La presencia del alcohol y drogas en la vida de los hijos, la pereza de estudiar que los hijos muestran aduciendo que para ser rico no es necesario el estudio y finalmente cuando la familia se enfrenta a situaciones económica desfavorables. Nos enfrentamos a una sociedad decadente donde los anti valores se campean por nuestras calles ante la indiferencia de la autoridad (Gobiernos que amarran a la policía y los jueces). El robo, el dinero fácil del narcotráfico, los asesinatos, la trata de personas, la deshonestidad y la mentira recurrente nos han convertido en una sociedad malvada que se repite en todo el mundo, pues esto no es un fenómeno que se le pueda endilgar a nuestro comportamiento tropical y folclórico latinoamericano, esto está presente hasta en las sociedades desarrolladas en lo económico y social. Entonces si para algunos es válido el amontonamiento de botellas plástica en una sala de arte, también es válido aceptar los antivalores y la falta de moral y ética de muchos quienes nos rodean. Si una familia tiene valores religiosos y viven bajo las normas de sus creencias, entonces la sociedad los juzga de raros, porque hemos perdido el sentido espiritual, pues al declararnos en una sociedad laica, es decir sin religión, se ha desatado la maldad. Hemos recibido con los brazos abiertos los antivalores y hemos sacado del hogar, el colegio, la universidad y la oficina el concepto de Dios.  El éxito de la maldad está en que no creemos que existe.

Por eso existen los colores, dijo alguien refiriéndose a los gustos de cada uno. A unos nos gusta el azul a otros el verde, el rojo o el negro, lo mismo sucede con el arte que ha venido perdiendo su valor, los esperpentos puestos en las salas de exposiciones desdicen mucho del valor artístico, como una que vi en una sala donde el artista se auto fotografió sin ropas en posiciones aberrantes y justificando que el cuerpo es objeto de arte. O esas canciones que denigran de la mujer y que las mismas mujeres corean en los conciertos.

Esta es la sociedad del desasrte, palabra compuesta por desastre y arte. Creo en los valores, creo en la moral, ejerzo la espiritualidad, porque a pesar de lo que me rodea, deseo ser mejor cada día así crean que porque invoco a Dios y le alabo, soy raro. Sigo creyendo en el buen arte plástico y sigo amando la buena música y la buena literatura.

Amen.

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