EL DESAS RTE
Una sociedad sin valores
Por José Fernando Ruiz Piedrahíta
Creo que alguna vez en mi vida yo
viví el arte verdadero. Tengo la impresión de que pude ver obras pictóricas
hermosas de una gran calidad. Tengo la sensación de que en algún momento
escuché música bonita, con letras preciosas con enormes sentidos filosóficos,
románticos o sociales. Creo y podría asegurarlo que alguna vez vi esculturas
hermosas en bronce, hierro o concreto. Pienso que alguna vez el arte si fue
arte y fue hermoso. Hoy me quedo mirando la ciudad y los espacios dedicados al
arte y cada vez entiendo menos al arte, debe ser que no soy artista. Yo no sé
si unas llantas usadas puestas en medio de un salón de exposiciones junto a
vidrios rotos pueda ser arte. Una vez vi una colección de botellas de plástico
de varios colores y tamaños sobre una mesa de constructor y nunca supe si eso
era una obra de arte o que a la persona del aseo se le quedaron por fuera sus
implementos. Una vez hace ya algunos años en casa de la gran artista Viviana
Ángel Chujfi su hermana le preguntó:
—Ole, eso es un cenicero o una
escultura… para saber si echo ahí la ceniza del cigarrillo.
En la casa de Viviana hay obras de
arte en todas partes y hasta las cosas de uso común pudieran ser obras de arte.
Igual pasa con la música las verdaderas obras de arte permanecen para siempre
en lo musical, los grandes clásicos seguirán oyéndose gracias que son
composiciones verdaderamente elaboradas con conocimiento musical para una
inmensa minoría sensible a la buena música. Por tanto, esperpentos como el
reguetón son como las botellas plásticas expuestas en una sala. Por supuesto
que a muchas personas las botellas plásticas puestas de cualquier manera les
pueden parecer una genialidad artística, de igual manera que a la inmensa
mayoría le encanta el reguetón. Pero quienes saben apreciar la belleza del arte
saben que ni las botellas plásticas ni el reguetón son arte de verdad. Escribir
garabatos en los muros por supuesto está muy lejos de ser arte, pero muy cerca
de vandalismo, sin embargo, se podría considerar arte aquellos dibujos que
adornan muros públicos que no siempre son de buen gusto.
El mundo ha cambiado nos sabemos si
para bien o para mal. Eso es según la persona que lo aprecia y como cada uno de
nosotros somos universos individuales, pues es muy difícil juzgar si para unos
es bueno o para otros es malo. Los conceptos de vida han cambado también y
aunque pareciera que el desarrollo humano es lo primordial, hemos olvidado los
valores que nos harían mejores, por lo tanto, no hay mejoría en ello. Cambiamos
lo moral por lo conveniente a cada ser humano, olvidando que ese bienestar
puede afectar el mundo que nos rodea. Acabar con la fauna, la flora y la
naturaleza no está bien, así sea para mejorar la calidad de vida de la raza
humana. Los valores están conformados por las cualidades y virtudes que hacen
parte de la conducta de cada persona y el comportamiento positivo que puedan
asumir frente a las situaciones de la vida se le conoce como valores. Sin embargo,
como el arte los valores han cambiado debido a múltiples factores como que las
familias hoy se han vuelto disfuncionales, es común que los padres quienes son
los primeros educadores se divorcien, las peleas entre esposos frente los
hijos, la indisciplina y la incapacidad de los padres de hacer cumplir reglas
sencillas de convivencia en casa. La presencia del alcohol y drogas en la vida
de los hijos, la pereza de estudiar que los hijos muestran aduciendo que para
ser rico no es necesario el estudio y finalmente cuando la familia se enfrenta
a situaciones económica desfavorables. Nos enfrentamos a una sociedad decadente
donde los anti valores se campean por nuestras calles ante la indiferencia de
la autoridad (Gobiernos que amarran a la policía y los jueces). El robo, el
dinero fácil del narcotráfico, los asesinatos, la trata de personas, la
deshonestidad y la mentira recurrente nos han convertido en una sociedad
malvada que se repite en todo el mundo, pues esto no es un fenómeno que se le
pueda endilgar a nuestro comportamiento tropical y folclórico latinoamericano,
esto está presente hasta en las sociedades desarrolladas en lo económico y
social. Entonces si para algunos es válido el amontonamiento de botellas
plástica en una sala de arte, también es válido aceptar los antivalores y la
falta de moral y ética de muchos quienes nos rodean. Si una familia tiene
valores religiosos y viven bajo las normas de sus creencias, entonces la
sociedad los juzga de raros, porque hemos perdido el sentido espiritual, pues
al declararnos en una sociedad laica, es decir sin religión, se ha desatado la
maldad. Hemos recibido con los brazos abiertos los antivalores y hemos sacado
del hogar, el colegio, la universidad y la oficina el concepto de Dios. El éxito de la maldad está en que no creemos
que existe.
Por
eso existen los colores, dijo alguien refiriéndose a los gustos de cada uno. A
unos nos gusta el azul a otros el verde, el rojo o el negro, lo mismo sucede
con el arte que ha venido perdiendo su valor, los esperpentos puestos en las
salas de exposiciones desdicen mucho del valor artístico, como una que vi en
una sala donde el artista se auto fotografió sin ropas en posiciones aberrantes
y justificando que el cuerpo es objeto de arte. O esas canciones que denigran
de la mujer y que las mismas mujeres corean en los conciertos.
Esta
es la sociedad del desasrte, palabra compuesta por desastre y arte. Creo en los
valores, creo en la moral, ejerzo la espiritualidad, porque a pesar de lo que
me rodea, deseo ser mejor cada día así crean que porque invoco a Dios y le
alabo, soy raro. Sigo creyendo en el buen arte plástico y sigo amando la buena
música y la buena literatura.
Amen.
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