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domingo, 14 de abril de 2024

 

LUCIO FULCI

El Profeta gore de la pandemia.

 

Iniciaba la década de los años ochenta cuando empezó a llegar un cine fuerte, desagradable y taquillero a Colombia: El género Gore el que recrea imágenes de alto impacto para que el público sienta nauseas. El malestar del espectador surge frente a monstruosidades realizadas por los protagonistas de las desventuradas historias que dejaban en el asistente una fea sensación de asco. En los años ochenta hubo un extraño despertar de la humanidad frente a la propuesta de un cine y literatura de lo oscuro y desagradable. George A. Romero fue el iniciador de una forma narrativa cinematográfica que escandalizó a más de un padre de familia cuando se enteraron de las “cosas” que sus hijos estaba viendo en las pantallas de los grandes cines ochenteros. Los zombis no son un invento directo de Romero, ya Bela Lugosi en su declive protagonizó películas como Zombi Blanco, una historia de Vudú en las islas caribeñas. Romero reinventó el término zombi y lo hizo popular en el mundo. Y detrás del genio de George A. Romero, uno de los reyes del cine de bajo presupuesto, vinieron docenas de imitadores afanados en evocar el éxito zombinizado las taquillas. Tenemos directores como Bruno Mattei, Lamberto Bava, Darío Argento, Ruggero Deodato, Andrea Bianchi y Sergio Martino quienes inundaron las salas de cine con millones de litros de hemoglobina vegetal y entrañas de puercos para lograr un rictus de horror en la gente que pagaba por ver aquellas horrorozidades cinematográficas.  

Ruggero Deodato vino a Colombia a rodar una película que vendieron como un documental y fuimos a verla convencidos de que unos infortunados periodistas habían sido víctimas del canibalismo de una tribu indígena desconocida del Amazonas, película del género lo que hoy conocemos como el Mockumental (De la palabra Mock que en inglés significa burla o al que también han llamado “Material encontrado”). No se imaginan la sorpresa que me llevé cuando conocí a al señor Germán Canal, quien fuera camarógrafo de Inravisión y que lamentablemente fue víctima mortal en un robo a su residencia en Chinchiná Caldas, y que en una conferencia dictada por él en la universidad católica de Manizales nos dijo que la película Holocausto Caníbal no era un documental, pues había estado como colaborador en el equipo de cámaras junto con Dioniso Chávez quien asistió en los efectos de maquillaje… ¡Plop!

Lucio Fulci estrenaba el mismo año en que se presentó la lamentable producción Ítalo-colombiana, una de las más horripilantes y vermífugas películas que pasara por las grandes pantallas del cine. Virus (título original) se realizó en Nueva York por todo un equipo de filmación traído desde Italia, con actores italianos que hablaban inglés. Muy similar a lo que sucedió en Colombia con Holocausto Caníbal.

 Fulci imitó el cine de Romero no cabe la menor duda, de hecho, Romero intentó demandar en varias oportunidades al director italiano, pero siempre pudo zafarse de los compromisos legales.  Fulci hizo muchas películas y logró que algunas llegaran a ser de culto como “Aquella casa al lado del cementerio” (Quella Villa accanto al cimitero – 1981), o  (Tu vivrai en el terrore: L’aldilà) “Vivirás en el terror la vida futura”, pero lo que más nos inquieta es que en Virus su película con muy mala traducción al español en su título (Apocalipsis Zombi) aborda el tema de un virus elaborado en un laboratorio que se extiende por el mundo. Qué raro… me pareció que un zombi se está riendo bajito.

El Contagio zombilizante se extiende por las mordidas de un infectado (Igual que la vampirización y la licantropía), pero la covidinización (Ser infectado por el Covid 19) se produce por las babas de otro o por el solo hecho de hablar con un infectado, pues ya se sabe es aéreo.  La mejor manera de evitar ser covidinizado es quedarse en la casa. En la película de Lucio Fulci vemos al final un espantoso desfile de zombis que entran a la ciudad de Nueva York a comer gente. En estos días de cuarentena he leído demasiado, he escrito mucho, he dictado muchos talleres y he visto muchísimas películas, no pude evitar comparar la entrada de los zombis a la capital de mundo con la imagen que nos muestran los noticieros de la gente imprudente que sale a la calle sin son ni ton. Lucio Fulci es como un profeta del desastre.

Las películas de gore de zombis son difíciles de ver. Hay que tener fuerte el estómago para resistir los vomitivos argumentos expuestos en color rojo sangre. El tiempo de confinamiento a causa del COVID 19 quedó atrás y nos dejó muchas tristezas pues fueron muchos quienes esta enfermedad se llevó a la tumba. También dejó cosas buenas como el que aprendimos a compartir en familia, nos reunimos de nuevos para conversar y convivir. A muchos nos obligó a trabajar desde la casa con el computador y a ser mejores cibernautas.

El cine explícito donde corren litros de sangre, donde no hay límites en el uso de recursos para conmover al espectador ha llegado a extremos como el goreporn donde se combina el sexo con el gore dando origen a la palabreja inglesa. A quienes amamos el cine no nos gusta este género, porque es la  peor forma de exhibición en sala o en plataformas streaming, pero si tiene muchos adictos que gustan ver correr litros de sangre, aunque no haya mucho que contar en la película.

 

 

JOSE FERNANDO RUIZ PIEDRAHÍTA

Comunicador social y periodista

mirollodecine@gmail.com

 

 

 

 

 

 

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