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domingo, 14 de abril de 2024


 

SE ME PERDIÓ LA CADENITA

Mi primer baile, pero no mi primer beso

            Pedíamos permiso para todo. Nunca imaginábamos solicitar autorización para quedarnos en la casa de un amigo cuando nos invitaban a una fiesta. Jamás pasó por nuestra cabeza siquiera pensar que podríamos ir con la novia a un paseo a la costa con quedada los dos solos. No. Jamás. Nunca. Imposible.

La primera vez que fui a una fiesta pedí permiso para asistir con ocho días de antelación, con recordatorios diarios,  soportados con las llamadas de los padres de algunos amigos que andaban en las mismas mías, es decir solicitando avales para que nos dejaran ir a la bendita fiesta que no era más que un pequeño bazar parroquial con empanadas y gaseosa que tenía como fin recolectar recursos económicos para arreglar el pequeño proyector de cine y así pasar películas de corte moral y religioso los viernes en el patio de la casa cural. Imagínese la zanahoriéz de la reunión. Yo ya tenía novia, pero en mi casa aún no sabían y pensaba cómo abordar el tema y decirles que yo ya estaba grande y que tenía novia y que podía ir a fiestas barriales, paseos y al cine. Por supuesto que no estaba grande, era un niño de apenas quince años que empezaba a asomarse a los abismos del amor donde podía caer en profundas desesperanzas, pues acaso no se dice que ¿no hay amor más intenso que el primero o por lo menos inolvidable?

Pues me dieron permiso, pero solo si me acompañaba a la fiesta mi madre. ¿Se imaginan? Había planeado bailar con mi novia y besarla en medio de alguna canción, así como en las películas, pero el baldado de agua fría aún faltaba, pues a ella también le dieron permiso para ir, pero con su padre. Así que de besos y abrazos nada.

Ay qué fiesta. El patio de la casa cural había sido dispuesto con mesas de salón de bingo con mantel blanco e incómodas sillas plegables de madera que solíamos llamar aplana nalgas. El padre dispuso dos cornetas de amplificación para la música y la venta de empanadas con gaseosa. Trago no se vendía porque iban muchos jovencitos como yo. Allí llegué con mi madre y ella llegó con su padre y en un momento de suma incomodidad le dije a mi madre que ella era mi novia y que el señor que la acompañaba era su padre y ella le tuvo que decir a su papá lo mismo, pero al revés es decir novio con novia y novia con novio y también de hombre a mujer del mismo modo en el sentido contrario. Finalmente, mi madre y su padre se saludaron y se sentaron con nosotros en una de las mesas. Pedimos una bandeja de empanadas y gaseosas y entonces el que pone los discos, puso un casete con el estreno del momento: Se me perdió la cadenita en la voz de Lucho Argain y la Sonora Dinamita. Era el año 1978. Entonces le pedí permiso al padre de ella para sacarla a bailar y temblorosos los dos salimos al centro del patio parroquial y por primera vez sentí el cuerpo de una mujer cerca de mí. Por su puesto también fue la primera vez que bailé con una chica real. Ella me dijo al oído que era su primera vez también.

Qué hermoso.

Pedí permiso a mi madre para pedirle permiso al papá de ella para que me diera permiso de ir a visitarla y el señor le dijo a mí madre que le daba permiso para que yo le hiciera visita. Éramos muy respetuosos con nuestros padres y considerados con ellos. Porque nosotros los de nuestra generación si cumplíamos eso de honrar padre y madre que además era mandato divino. ¿Cómo fue entonces que nuestra generación que tanto temió a sus padres ahora tememos a nuestros hijos? Los hijos de nuestra generación al parecer crecieron sin Dios ni ley. Nos llenamos de miedo de castigar a los hijos porque resulta que nos podían demandar. No se les puede llamar la atención porque entonces estamos vulnerando sus derechos… enderezar el camino de los hijos es una tarea que los padres perdimos en las cortes y en la ley, porque con ese cuentico de que hay que dejar que se desarrollen su personalidad y que tiene derecho a escoger su propio desarrollo, perdimos la autoridad que como padres se supone deberíamos tener. Ahora los chicos se van sin decir para donde y no se les puede preguntar porque no es asunto de los papás. No se les puede advertir sobre malas amistades porque resulta que nos tachan de viejos retrógrados y mucho menos decirles que lleguen temprano porque eso vulnera su libre desarrollo.

Te extrañamos mucho doctor Chancleta.

Este doctor fue el mejor psicólogo que jamás existió (Aquí pueden gritar los psicólogos y si desea puede abandonar esta lectura). Con este profesional nunca nos perdimos en locuras y supimos bien quienes éramos; nos enderezó el camino y que yo recuerde a mí si me dieron algunas veces mi correazo y amigos les confieso nunca me ha dado por convertirme en asesino serial, violador, corrupto o criminal. Por el contrario, recordando las enseñanzas y correctivos que mis padres me impusieron, estos hicieron de mí y de millones de ciudadanos de mi generación mejores personas. Lástima que estamos atados para enderezar a nuestros vástagos, tan irrespetuosos, ofensivos e ignorantes. Qué pocos chicos hoy se han criado como corresponde a una sociedad que pueda convivir si atropellarse. Lastimosamente nuestros jóvenes adolecen de conocimiento, de sentido de pertenencia y de respeto por lo demás. Si no respetan a sus padres, menos respetarán a las personas ajenas a su entorno familiar. Pobres hijos presa fáciles de reclutadores de la violencia que se campean largos años por las universidades camuflados de estudiantes con aspecto de catedráticos de los viejos que están o de amigos inmorales sin valores que los inducen fácilmente al consumo de estupefacientes. Pobres hijos que crecieron sin las enseñanzas morales o espirituales porque esos asuntos de Dios son puras güevonadas de viejos pendejos y lame ladrillos.

Nunca se me perdió la cadenita, siempre la tuve conmigo como recuerdo de que la vida no es fácil, aunque creamos que lo es gracias a las absurdas leyes que nos inundan y dejan libres a delincuentes y enfermos peligrosos en las calles. Yo no creo en ese cuento chino y reforzado de que uno nace y la sociedad lo hace. Nada más lejos de la verdad. Uno nace y la familia lo va orientando hacia el bien, pues no es lógico que a una persona la críen para el mal… aunque como está este mundo nada raro sería.

Carmen se me perdió la cadenita

Con el cristo del nazareno

Que tú me regalaste

Que tú me regalaste

 

Carmen por eso no voy a olvidarte

Si ahora te llevo dentro

Muy dentro de mi pecho

A ti y al nazareno

A ti y al nazareno

 

Y mientras sonaba la canción en la cinta del casete. Yo olía su perfume mientras pensaba qué sería de nuestro futuro, si es que iba a ver algún futuro como lo soñábamos, con tecnología y armonía, nunca sospechamos que llegaría el día que un delincuente tuviera más derechos que un ciudadano común y corriente. Hoy muchos años después frente al teclado del computador habría de recordar esa canción cuando mi madre me llevó al baile del patio de la parroquia y el perfume de aquella novia, a flores en su cabello negro ensortijado.

 

JOSÉ FERNANDO RUIZ PIEDRAHÍTA

Comunicador social y periodista

Miembro Honorario Academia Colombiana de historia, literatura y arte.

 

 

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